Ni siquiera el Ejército posee el armamento de los narcotraficantes
29 de mayo, 2008
Las armas del narcotráfico tienen la capacidad de disparar 900 tiros por minuto, de derribar aeronaves, de lanzar balas a una velocidad de 650 metros por segundo y de atravesar blindajes.
El uso de armas de guerra por parte del crimen organizado, según la Procuraduría General de la República, es una de las causas principales de la violencia actual en nuestro país y de episodios como el del martes en Culiacán, donde seis sicarios enfrentaron a 400 efectivos y aún así mataron a siete PFP’s.
“Pero no todo se reduce a la capacidad de fuego, —dice Martín Barrón, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales, donde dirige un proyecto sobre violencia en México y es especialista en el tema de armas—, hay un rezago de 20 años en la capacitación de policías en uso de armas y fallas notorias en el montaje de operativos”.
De acuerdo al archivo de la PGR, entre las 15 mil 195 armas decomisadas al crimen organizado durante la presente administración hay bazucas, lanzacohetes con adaptación de granadas antipersonales, ametralladoras antiaéreas con visor telescópico y de fácil montaje en vehículos o helicópteros, subametralladoras con rangos de alcance de 200 a mil 500 metros…
“Las ocho mil 700 armas largas que se han asegurado en año y medio son suficientes para pertrechar a un ejército”, dice el Procurador Eduardo Medina-Mora.
“Una de las causas evidentes de la violencia en México es la introducción clandestina de armas, como las que vemos actualmente: las calibre 50, que son permitidas en Estados Unidos, las antiaéreas, los lanzacohetes, están ingresando a México, porque no hay en Estados Unidos una legislación que limite la transmisión de las armas, se le pueden vender a cualquiera”, asegura Noé Ramírez Mandujano, Subprocurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada.
Y del otro lado, enfrentando a los narcos, hay policías que tienen un revolver o una pistola de 6 o 7 tiros, o una 9 milímetros con una capacidad de 12 tiros, refiere el investigador Barrón.
Afirma que las armas tradicionales de los delincuentes son los fusiles de asalto militar AK—47 y los AR—15, “pero su poder adquisitivo los ha llevado a comprar bazucas, misiles tierra—tierra, lanzagranadas, balas y cartuchos que provienen de Alemania, que no se pueden comparar con las armas de los policías”.
Pero lo más preocupante, dice, “es el descuido en la capacitación durante los últimos 20 años. Se gasta mucho dinero en armamento y vehículos, pero no en adiestramiento para usar ese equipo, la capacidad de fuego de los policías es muy baja. Les puedes dar un armamento muy sofisticado, pero no lo saben manejar”.
Asegura que la delincuencia organizada, en cambio, tiene una estructura dedicada de manera exclusiva a la capacitación en el uso de armas.
“Para las armas de guerra que utilizan se necesita capacitación y tienen a gente que les da mantenimiento y las limpia, escobillones especiales, gente que sabe que si las balas no están a cierta temperatura pueden generar reacciones por los gases, que si han estado resguardadas en un lugar muy frío deben ponerlas cinco horas al sol para secar la pólvora”.
Y también, personal que distribuye las armas de acuerdo a las habilidades de los criminales, de acuerdo al tamaño de sus dedos y la estructura de la mano.
“Son detalles que ven los jefes de cárteles, el personal a su servicio conoce cuáles son las fallas del arma, cuáles sus virtudes, qué estilo de limpieza deben aplicar para el mayor rendimiento posible. Y me pregunto: ¿cuántas prácticas de tiro tienen los policías?”.
—¿Y quién da ese adiestramiento en la estructura criminal? —se le pregunta.
—Hay infiltración de ex militares, por eso el poder que ha adquirido el grupo de los Zetas… Son fundamentalmente ex miembros del Ejército, ellos conocen las armas de guerra, y no solo del Ejército Mexicano, sino de otros países… Ahí están los kaibiles: vienen, adiestran y se van y por eso les pagan millones, luego el conocimiento se recicla.
—¿Cuánto dura una capacitación para este tipo de armas?
—Puede llevar semanas o meses.
—¿Dónde se pueden adquirir?
—En el mercado negro de Estados Unidos o en Rusia… La economía de guerra de Estados Unidos es fundamental, ellos tienen que vender, no importa a quién y no importa cómo, así podemos explicar por qué tienen armas los paramilitares o las guerrillas. Tienen un mercado floreciente y lo surten. Algunos investigadores dicen que hay alrededor de 125 puntos de tráfico de armas entre México y Estados Unidos, los puntos principales son las grandes ciudades fronterizas. Y tenemos los dos océanos… También el gobierno israelita vende armas; lo mismo Brasil: produce y vende.
—¿Cuánto cuestan en promedio?
—En el mercado negro es muy variable, hay armas desde 5 o 10 mil pesos hasta lo que se quiera pagar… hasta 50, 60 mil dólares o más, como un lanzacohetes.
Depende con quién se negocia en el mercado. Se pueden comprar las armas, pero también hay que conseguir las municiones, por eso hemos visto en los decomisos las grandes cantidades de cartuchos que tienen los narcos. Una caja de balas de “cuerno de chivo” vale alrededor de 30 dólares.
Aunque refiere que en las corporaciones policiacas hay grupos especiales o de reacción que cuentan con mejor armamento, advierte errores en la estrategia operacional de la PFP.
“¿Dónde quedó la línea de mando en los operativos?, ¿quién y cómo ordena?, ¿cómo se montan los operativos?, ¿quién va al frente y quién en la retaguardia? Aquí está el meollo del asunto, porque independientemente de las armas que se tengan, si el operativo está mal montado, el resultado va a ser negativo”.
Y añade: “El objetivo de un operativo es detener a los delincuentes, se tiene que montar de tal manera que se disminuyan al máximo las posibilidades de muerte de un policía. Si alguien pierde la vida, algo falló, no se dieron las instrucciones adecuadas. ¿Y por qué las fugas, con tantos agentes en el lugar? Lo que debe informar la PFP es cómo se montó el operativo, quién era el responsable, cómo se apostaron, cuáles eran las líneas de seguridad, ¿o acaso llegaron y tocaron a la puerta como en cualquier casa de hijo de vecina?”.
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